viernes, 11 de febrero de 2011

Manuela Ballester, el eclipsamiento de una artista

   Toda una serie de factores confluyeron para que Manuela Ballester Vilaseca (Valencia, 1908 – Berlín, 1994) haya sido injustamente relegada y olvidada dentro del panorama artístico. Biológicamente era una mujer, lo que la condicionaba en su época a ser considerada como un mero instrumento reproductivo sometido al ámbito doméstico, y bajo la continua custodia de los miembros masculinos de la familia y la sociedad. Por otra parte, ejerció una militancia política que la situó en el lado de los perdedores cuando se produjo la resolución del enfrentamiento fratricida en España; y, como tantas veces se ha dicho, pero no por ello dejará nunca de ser cierto, “la historia la escriben los vencedores”. Por último, y focalizando nuestra atención en la esfera puramente artística, fue la esposa de Josep Renau, el líder de la vanguardia valenciana, lo que hizo que Manuela cayera bajo el maleficio de su sombra. Sin embargo, ella misma como artista tuvo mucho que decir en la esfera creadora de su época, en base a sus facetas de ilustradora, pintora, cartelista y escritora y a su decisiva contribución en revistas valencianas tan definitivas para la vanguardia como Nueva Cultura; llegando, incluso, a dirigir una publicación, Pasionaria.
   Manuela abrió los ojos y creció dentro una familia inmersa en el arte. Su padre, Antonio Ballester Aparicio, era escultor y profesor de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, lo cual influyó decisivamente en sus hijos al verse involucrados en el ambiente de artistas que visitaban el taller paterno de imaginería. Así, el hermano mayor, Tonico, que heredó la vocación escultórica del padre, cosechó un gran éxito durante su juventud. Las hermanas menores de Manuela, Rosa y Josefina, también recogerán el testigo de la vena artística familiar y, ya durante su exilio en México, fundarán un taller de grabado, Las Ballester.
   En 1922, y con sólo catorce años, Manuela Ballester se matriculó en la especialidad de pintura en la citada Escuela de Bellas Artes donde su padre era profesor, y donde también se matriculó su hermano Tonico, siendo una de las primeras mujeres en conseguirlo. Durante su carrera (1922-1928) llegó a ganar un premio de retrato, con cuyo dinero, y siguiendo los consejos de su padre, realizó un viaje a Madrid para descubrir a Goya, Velázquez, a quien siempre consideró su maestro, y El Greco en el Museo del Prado. Además, en la escuela se unió al grupo de estudiantes contestatarios, tanto social como artísticamente, y amantes de las vanguardias, liderado por Josep Renau, a quienes se conoce como Generación Valenciana de los Treinta. Allí comenzaría su relación con Renau, quien escribiría para ella los libros de versos ilustrados Estrellamar e Intento de amanecer, y con quien se casará en 1932 y formará una familia de seis hijos. Artísticamente, durante su periodo de formación, se dedicó a la ilustración literaria, al diseño de figurines de moda y a la confección de carteles, participando también en diversas publicaciones, como en la revista valenciana La Semana Gráfica.
   Poco después, tras el éxito conseguido por la exposición de Renau en Madrid y la conversión de éste al comunismo, Manuela le siguió los pasos en cuanto a su militancia política.
  Tras salir de la Escuela, sus trabajos pictóricos empezaron a ser dados a conocer entre el público y, así, en 1929 sus obras se pudieron contemplar en la Exposición de Arte de Levante, y ya en marzo de 1931 Manuela participó en la exposición colectiva de la vanguardia valenciana celebrada en los locales de la Agrupación Valencianista Republicana. Otros participantes de dicha exposición, muchos de ellos futuros integrantes de la UEAP (Unión de Escritores y Artistas Proletarios), fueron Josep Renau, Tonico Ballester y Francisco Carreño. Y particularmente importante durante estos años resultó la participación de la artista en la Manifestación de Arte Novecentista, organizada por Manuel Abril en el Ateneo Mercantil de Valencia en 1932.
   Dentro de su faceta de ilustradora, realizó la cubierta para la edición española de la obra del Nobel de literatura en 1930 Sinclair Lewis, Babitt (escrita en 1922), gracias a ser la ganadora, ese mismo año de 1930, del Primer Premio del Concurso de Portadas convocado por la Editorial Cénit. En 1934 destaca su trabajo en el cuento de Lleó Agulló Puchau La perla que naixqué en lo fang, obra premiada en los LIV Jocs Florals de “Lo Rat-Penat”.
  
   A partir de enero 1935 comenzó su colaboración artística y literaria en Nueva Cultura, revista mensual independiente de la UEAP y del Partido Comunista, fundada y dirigida por su marido, cuyo periplo editorial se mantuvo hasta 1937.
   La revista presentó dos etapas claramente diferenciadas. En una primera etapa, publicó trece números entre enero de 1935 y julio de 1936, caracterizándose por su antifascismo y por un intento por organizar el frente popular de la cultura española, desarrollándose en sus páginas una de las polémicas más duras sobre el compromiso político del arte. Por tanto, la revista en sus inicios tomó conciencia clara de su labor como defensora de una nueva cultura nacida de la lucha contra el peligroso fondo ideológico y cultural tanto del capitalismo, como del fascismo.
   En la segunda etapa de Nueva Cultura fueron ocho números los publicados, entre marzo y octubre de 1937. En este momento, y como órgano de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en Defensa de la Cultura, constituida tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936, trató de desarrollar el frente revolucionario de la cultura española. Una de las novedades que presentó esta nueva aparición de la revista fue el abandono del uso mayoritario del castellano, a favor de la inclusión de artículos en catalán, como clara defensa de las diferencias nacionalistas que el fascismo negaba. De igual modo, se produjo una manifiesta apuesta por el carácter popular del planteamiento cultural de la publicación. Tomando estas premisas como base, su principal labor fue realizar una crítica cultural revolucionaria científica, es decir, ejecutada desde los planteamientos marxistas y que se ejemplificó en las numerosas notas y críticas de libros que salpicaron sus páginas.
   Centrándonos en la figura de la artista valenciana que nos ocupa, Nueva Cultura fue el portal donde se mostraron tanto los trabajos en fotomontaje de Manuela Ballester, como sus artículos de crítica artística y literaria, ambos condicionados por su pensamiento político. Dentro de sus aportaciones plásticas, las más escasas, se pueden destacar los dos fotomontajes, aparecidos en el número 9 de la revista, que ilustraban la traducción de José Renau de El viejo inspector de la vida: cuento soviético.

   En cuanto a sus aportaciones literarias, en el número 5 de la revista, correspondiente a junio-julio de 1935, Manuela publicó un artículo de crítica artística titulado Mujeres intelectuales. En él, y tomando como excusa una exposición de mujeres artistas realizada en la Librería Internacional de Zaragoza y recogida en la revista Noreste, rechaza la abstracción y aboga por un realismo social de marcado compromiso, el cual echa en falta en dicha exposición, que denuncie los problemas de diferencias de clase, abolición de la propiedad privada y situación de miseria y carencias del proletariado consecuencia del capitalismo; todo ello, de nuevo en clara correlación con las propuestas procedentes de su militancia política. De igual modo, realiza un alegato a favor de un arte en el que se vea reflejado el “espíritu femenino”, alejado de la adopción de los prototipos y posicionamientos realizados por la tradición artística masculina.
   Contando Valencia con una reputada tradición litográfica y siendo un importante centro de producción de carteles, Manuela no pudo sustraerse a desarrollar su genio artístico también dentro de estos cauces. El objetivo principal del cartel es la transmisión de un mensaje de la forma más impactante posible para lograr una respuesta inmediata en el receptor. Y en ello Manuela Ballester se reveló como una maestra. De este modo, en 1936 esta polifacética mujer realizó uno de los hitos de su extensa producción de carteles políticos, uno para el Partido Comunista de España (PCE) dedicado a animar a las mujeres en su voto por el Frente Popular. En su iconografía podemos rastrear, por un lado, los modelos tradicionales que se imponían a la vida cotidiana y al comportamiento de las mujeres en aquellos momentos, con unos personajes, entre ellos la iglesia y quizá un representante de la sociedad burguesa, intentando mantenerla aferrada a dicha tradición; por otra parte, se presenta la nueva pretensión de la mujer de adquirir libertad para sus pensamientos y sus actos, y, claro está, la identificación de Manuela, en tanto que mujer progresista de su tiempo, con todo este proceso.
   El año 1937 marcó una etapa de gran actividad para Manuela, ya que dirigió la revista semanal Pasionaria, órgano de expresión del Comité de Mujeres Antifascistas del Partido Comunista de Valencia. Dicho comité surgió como organización en el contexto de la mayor incorporación de la mujer a organizaciones y partidos políticos, sobre todo de izquierdas y sindicales, durante la Guerra Civil. Contó con la participación de mujeres republicanas y socialistas, pero bajo la hegemonía de las mujeres integrantes del Partido Comunista.
   No sólo se dedicó Manuela este año a la dirección de la revista, sino que también se convirtió en dibujante en la Sección de Prensa y Propaganda del Comisariado General del Ejército de Tierra; colaboró con Renau, nombrado Director General de Bellas Artes con el gobierno de Largo Caballero, en la organización del Pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de París y en la selección de los artistas participantes; y por último, participó en la organización del II Congreso de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en junio en el Ayuntamiento de Valencia.
   Al año siguiente obtuvo el primer premio del concurso convocado por el Ministerio de Defensa Nacional para el proyecto de la Medalla del Valor, y realizó dibujos contra el fascismo en el diario La Verdad, órgano de expresión de la Unificación Comunista Socialista y dirigido por Max Aub y Josep Renau.
  Los últimos años de la guerra, 1938 y 1939, los pasaron Manuela y Josep en Barcelona, donde se había trasladado el gobierno republicano desde Valencia. Tras el fin de la Guerra Civil, y como tantos otros, tuvieron que abandonar España y se exiliaron, primero en Francia, y después, en México. Allí permaneció Manuela hasta 1959. El exilio, sin embargo, no conllevó el abandono de su producción artística, y se centró, junto a Renau en realizar, en su taller Estudio Imagen, Publicidad Plástica, murales y carteles de cine para productoras, publicidad comercial, y propaganda política electoral, en especial para el Partido Revolucionario Institucional (PRI); así como dibujos para revistas de los republicanos españoles, como España Peregrina, Las Españas, Nuestro Tiempo, Independencia, Mujeres Españolas o Boletín de Información de los Intelectuales Españoles.
Del mismo modo, colaboró con el muralista David Alfaro Siqueiros, a quien había conocido en Valencia en 1937 durante el II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, en el mural interior Retrato de la Burguesía (1939-40) para el Sindicato de Electricistas ejecutando algunos bocetos. Más tarde, y ante la huída de Siqueiros a causa de su primer intento de asesinato de Trotsky, el mural tuvo que ser terminado por el matrimonio Ballester-Renau; lo cual, así mismo, les facilitó el encargo de los paneles decorativos del restaurante del Hotel Lincoln de México. También junto a Renau, y con la participación esporádica del hijo mayor de ambos, Ruy, realizó el mural España hacia América (1945-50) para el Hotel Casino de la Selva, de Cuernavaca, en el que se va a intentar contrarrestar la visión crítica contra los españoles realizada por Diego Rivera en su mural de la Casa de Cortés, también en Cuernavaca.

   También en tierras mexicanas se produjo su participación en diversas exposiciones colectivas como la realizada en la Casa de la Cultura Española (1940), la Primera Exposición Conjunta de Artistas Españoles (1956), y la de Artistas Valencianos en la Casa Regional Valenciana de México (1959). En estos momentos, sus creaciones pictóricas se decantan por el realismo, concretándose en retratos cargados de introspección psicológica (Mi hijo Ruy, Julieta, Rosita, Totli, Teresa, Pablo y la Yaya), paisajes (Cuernavaca), y bodegones. También merece la pena destacarse que, como continuación de su compromiso político y social, Manuela se dedicó en estos años a la alfabetización de las criadas indígenas que trabajaban en su casa. Imbuida por el ambiente de su nueva patria de acogida también realizó una serie de grabados y dibujos sobre el traje nacional mexicano.
   Su labor como cartelista tampoco quedó olvidada, como lo demuestra que en 1954 consiguiera el segundo premio del concurso organizado por el Club Rotario de México por su cartel con destino a la Campaña Pro Desayuno Escolar. Y ya en 1956 es el primer premio el que consiguió en el Concurso Nacional de Carteles para el Primer Centenario de los Sellos de México.
   A partir del verano de 1959, y hasta su muerte, fijó su residencia en la República Democrática Alemana, instalándose en el Berlín Este siguiendo a Renau. Esto supuso un duro golpe para ella al dejar en México a sus hijos Ruy y Totli, que ya se habían casado, para seguir a su marido, de quien, sin embargo, terminará divorciándose en 1962, debido, en parte, a la rivalidad artística que éste sentía con respecto a ella. Posteriormente, otro gran golpe que tendrá que superar Manuela será el suicidio de su hija Julieta.
   En Berlín trabajó como ilustradora en alguna revista y editorial alemana, realizó una serie de fotomontajes y dibujos para la Agencia General de Noticias (ADN), y dirigió y colaboró en una revista de moda fundada por Siles.
   Sin embargo, su relación con México continuó y en 1962 resultó la ganadora del primer premio en el concurso de carteles convocado por la Casa de Valencia en México para anunciar su segunda falla. Del mismo modo, en 1963 expuso, en el Club de Creadores de Cultura de Berlín, sus trabajos sobre el traje nacional mexicano, que volverán a ser expuestos en  1965 en Berlín y Dresde en el marco de la exposición México y su mundo. También en esos años es cuando se produjo su colaboración en la revista Mujeres del Mundo Entero, editada en La Habana por el Círculo Julián Grimau y dirigida por Manuel Carnero.
   Avanzando un poco en el tiempo, en 1972 expuso en la Mostra d’Arte Contemporánea, en solidaridad con España, realizada en Milán. Y al año siguiente se produjo su participación en la exposición colectiva en la Galería Punto de Valencia. También contaron con sus obras las exposiciones La Mujer en la Plástica, en el Palacio de Bellas Artes de México, y Pintores y Escultores Republicanos Españoles, en la Galería Mercedes y Jordi Gironella de México. Ya en 1978 participó en la Exposición del Movimiento de Solidaridad con los Pueblos de España en el Ateneo Español de México.
   De nuevo Valencia fue la ciudad que recogió en los años ochenta una retrospectiva de su obra en la Galería Estil. Dichos años ochenta continuaron sirviendo de marco temporal para recuperar su figura, ya que en junio de 1981 colaboró con dos retratos en la exposición L’avantguarda artística valenciana dels anys trenta, organizada por el Ayuntamiento de Valencia; en diciembre de 1983 participó en la exposición El exilio español en México, celebrada en el Palacio de Velázquez de Madrid; y ya en abril de 1988 se le seleccionaron dos pinturas para incluirlas en el Homenatge a les víctimes del franquisme i als illuitadors per la llibertar, que tuvo lugar en el Salón de Columnas de la Lonja de Valencia y que realizó un posterior recorrido por diversas ciudades españolas.
   Sin embargo, Manuela Ballester nunca regresó a España y falleció en Berlín el 7 de noviembre de 1994.
   Un año después de su fallecimiento, se realizó una exposición homenaje a la artista, recogiendo un centenar de pinturas, dibujos, grabados y carteles de distintas épocas, organizada por L’Institut Valencià de la Dona.
   Ya en época más reciente, en 2008, se le dedicó el documental Manuela Ballester, el llanto airado, con guión y dirección de Giovana Ribes, y bajo iniciativa de la asociación valenciana DonesenArt con motivo del III Festival Octubre Dones, dedicado a Manuela Ballester.
Poco a poco, la memoria de la Historia del Arte va dejando transcurrir su mirada sobre la figura y la trayectoria de esta mujer entregada a las múltiples manifestaciones artísticas que desbordaban su alma creadora, y se va recuperando una página que nunca debió ser arrancada ni pasada por alto.

Bibliografía sobre Manuela Ballester
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RIBES, G., Manuela Ballester, el llanto airado, Tarannà Films, 2008.

4 comentarios:

  1. Una gran mujer, con un gran coraje y valentía, un inmenso talento y tesón. Una vida dedicada a la lucha por la libertad y la difusión de la cultura. Gracias a este blog por rescatar a estas grandes mujeres del olvido, beesoos Hele

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    1. Manuela Ballester todavía no ha alcanzado el reconocimiento que merece, pero vamos dando pasos para difundir su obra y su legado.
      Un abrazo, Hele

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  2. Respuestas
    1. ¡Qué alegría verte por aquí, Ruy!
      Un abrazo

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