jueves, 10 de octubre de 2013

La sensibilidad fotográfica de Julia Margaret Cameron


Julia Margaret Cameron, Autorretrato, 1870

   A veces hay regalos fortuitos que tienen el poder de cambiar, de transformar una vida. Eso fue lo que le sucedió a Julia Margaret Cameron (1815-1879). Para paliar la soledad motivada por un viaje del esposo de Julia,  ésta recibió como regalo una cámara fotográfica por parte de una de sus hijas. Julia Margaret Cameron tenía 48 años, una casa repleta de hijos y amigos, entre los que se encontraban sir John Herschel (quien fue su primer maestro fotográfico) y Alfred Tennyson (para quien ilustraría Idilios del rey y otros poemas con 12 fotografías suyas), y una sensibilidad innata que se convirtió en su gran aliada frente a las carencias técnicas que siempre fueron reprochadas a sus fotografías.
   En dichas fotografías Cameron recreó un mundo habitado por personajes legendarios y reales, retratados bajo una estética tan personal, que siglos después de su muerte siguen siendo tan plenamente reconocibles y admirados como en el mismo instante de ser creados. Gracias a sus contactos con el círculo de los Prerrafaelitas, Julia asume muchos de sus planteamientos y vindica la fotografía como medio expresivo.
   Aquella primera cámara fotográfica de Julia estaba construida en madera y poseía un objetivo Jamin. En diversos espacios sin usar de su mansión, como una carbonera, estableció su campo de operaciones: un laboratorio y un estudio y, tras más de un año, logró dominar la técnica del colodión húmedo (técnica con la que se obtenían negativos de una calidad parecida al daguerrotipo, pero que permitía realizar copias y se reducían los tiempos de exposición), logrando lo que ella consideró su primer éxito fotográfico, el retrato de una niña llamada Annie. Una característica distintiva de las fotografías de Julia Margaret Cameron, y que ha sido criticada como falta de pericia técnica, si bien ella insistió continuamente en su intencionalidad consciente, es el uso del “flou” o foco suave. El “flou” se podría definir como un desenfoque intencionado con el que se resta nitidez a la imagen, pero se contribuye a su lirismo.

Julia Margaret Cameron, Annie, Mi primer éxito, 1864

Julia Margaret Cameron, El beso de la paz, 1869

 Julia Margaret Cameron, Espero, 1872
 
  



  





  

  



   Debido a sus planteamientos expresivos y esteticistas, no resulta extraño que uno de los campos en los que destacó Julia Margaret Cameron fue en el de los retratos, ya que consiguió una captación psicológica del retratado plenamente admirada y reconocida. Incluso ella misma llegó a afirmar que "He puesto toda mi alma en un propósito: [...] registrar fielmente la grandeza del hombre interior, así como sus rasgos exteriores".
   En sus retratos se nos muestra el mundo interior de la persona que posa. Con una simple mirada nos adentramos en su personalidad, sus sueños y vivencias. En el poso que le ha ido dejando la vida y en su forma de mirarla cara a cara. Bajo la influencia de Rembrandt encontramos unos fondos oscuros neutros, para no distraer la vista en vaguedades sin importancia, de cuyo fondo emergen unos rostros fuertemente iluminados por un único foco aunque de manera parcial, con lo que los contrastes de luz y el desenfoque contribuyen de manera esencial a crear las atmósferas intimistas de estos retratos tan sencillos como visualmente poderosos y cautivadores. 
Julia Margaret Cameron, Retrato de su esposo Charles Hay Cameron, 1864
 
 Julia Margaret Cameron, Mrs Herbert Duckworth, 1867
 


Julia Margaret Cameron, Retrato de sir John Herschel, 1867
 
Julia Margaret Cameron, Retrato de Charles Darwin, 1868

 Julia Margaret Cameron, Retrato de Henry Wadsworth Longfellow, 1868

 Julia Margaret Cameron, Retrato de Kate Keown leyendo, 1867
 




  


  


  


  

   Como otra de las bases para la alta expresividad de sus fotografías Julia utilizó, al igual que los pintores impresionistas, enfoques que sacrifican partes de las figuras principales en aras de una mayor sugestión o fuerza visual en los resultados finales. No en vano Julia Margaret Cameron es considerada precursora en las tendencias pictorialistas de la fotografía.
   Junto a los retratos, otra de las temáticas por la que esta fotógrafa inglesa sintió predilección fue la recreación de escenarios y personajes tomados de las raíces literarias más típicamente alusivas a Inglaterra y a las mitologías clásicas. Así su imaginario se vio continuamente visitado por Merlín, por el rey Lear acompañado de sus hijas, por los amantes Lancelot y Ginebra, por la desdichada Eco o por la sabia Hypatia. Todas estas figuras literarias y mitológicas toman cuerpo mortal gracias a los familiares, amigos y empleados de Julia, quienes les representan con el vestuario y en las escenografías que preparaba la propia fotógrafa en la intimidad de su hogar, reducto de creación permitido a estas mujeres artistas. Frente a la naturalidad y sencillez de los retratos, estas recreaciones abundan en gestos artificiales y poses teatrales que, sin embargo, nos permiten la identificación inmediata de la imagen con su creadora debido a su marcado estilo personal.

 Julia Margaret Cameron , El rey Lear y sus tres hijas, 1872

 Julia Margaret Cameron, Leyendas artúricas, La despedida de Sir Lancelot y la reina Ginebra, 1874

Julia Margaret Cameron, Leyendas artúricas, Vivien y Merlín, 1874

Julia Margaret Cameron, Eco, 1868

Julia Margaret Cameron, Alethea, 1872

Julia Margaret Cameron, Ninfas, 1868


Julia Margaret Cameron, Hypatia, 1867
 
   Del mismo modo, las fuentes bíblicas y el arte sacro también recibieron la personal mirada de esta fotógrafa quedando sus personajes imbuidos de un aura de sensibilidad y tierno sentimentalismo reflejo del arte pictórico de grandes figuras como Rafael.


 Julia Margaret Cameron, Día de primavera, 1865

 Julia Margaret Cameron, Oración y alabanza, 1865

Julia Margaret Cameron, Sagrada Familia, 1872
 
   Denostada entre los expertos por su técnica y admirada por artistas y público por su sensibilidad y la fuerte personalidad de su obra, Julia Margaret Cameron ha de ser puesta en valor por su labor pionera en el campo de la fotografía. Y para muestra una breve reseña de su currículum:
1864 – Es elegida miembro de la Sociedad Fotográfica de Londres y Escocia.
1864 – Expone en el londinense  Colnaghi’s.
1864-75 – Registra sus fotos en el “Fine Arts Registres of the Public Record Office”.
1865 – Gana la Medalla de bronce de Berlín.
1866 – Expone en la “Galería Francesa” de Londres y gana la Medalla de oro de Berlín.
1868 – Expone en la “Galería Alemana” de Londres y Charles Darwin la contrata como retratista.
1870 – Participa en la Exposición Universal.
1874-75 – Ilustra con fotografías las ediciones de Idilios del rey y otros poemas de Alfred Tennyson.
 

2 comentarios:

  1. En primer lugar, Felicidades por el blog. No conocía a esta fotógrafa y ciertamente es extraordinaria. Sus fotogafías parecen pinturas. Gracias por darla a conocer. Saludos!

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    1. Muchas gracias Selegna!!
      Me encanta que te guste el blog y mucho más que te guste Julia Margaret Cameron. Tienes razón en que sus fotos parecen pinturas porque en esos momentos de comienzos de la fotografía el efecto pictorialista era muy buscado. El modelo para las fotos eran las pinturas, así que intentaron tomar su estética. Lo maravilloso es que gracias a que la pintura ya no tenía que estar atada al reflejo exacto de la realidad, para eso ya estaba la fotografía, surgieron "experimentos" tan maravillosos como el Impresionismo, Puntillismo, etc., dando paso a todo el arte contemporáneo.
      Un abrazo, Selegna!

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